Evangelismo Bíblico

Publicado: 10 octubre, 2011 en Evangelismo

«Porque no he rehuído anunciaros todo el consejo de Dios»

(Hechos 20:27)

El evangelismo es un tema que la iglesia debe abordar seriamente. Hemos sido llamados a ser testigos de Cristo (Hechos 1:8) y no meros espectadores que esperan sentados para ver cómo los incrédulos llegan a las congregaciones; ni mucho menos activistas que tratan al evangelismo como un pasatiempo entusiasta. Lo primero, nos hace indiferentes hacia los pecadores y lo segundo, lleva a buscar métodos que, como hemos analizado en el estudio anterior, han reconvertido el mensaje de la Escritura y centrado todo en el ser humano. Por tales motivos, es necesario volver a lo que nos dice la Palabra de Dios, comparando nuestros esfuerzos evangelísticos con la predicación de los apóstoles y de nuestro Señor. Así, a modo de ejemplo, tenemos la conversación entre Jesús y el joven rico (Mateo 19:16 al 30), los discursos de Pedro después de Pentecostés (Hechos 2: 14 al 40), en el pórtico de Salomón (Hechos 3:11 al 26) y la proclamación de Pablo en Atenas (Hechos 17:16 al 34). En ellos, encontraremos los elementos principales del Evangelio, los cuales veremos más adelante.

¿Cuál es el Fundamento?

Si queremos que nuestro evangelismo sea conforme a la Biblia, el fundamento de éste debe ser la proclamación de la verdad. En la oración por sus discípulos, Jesús pide al Padre que los santifique en su palabra, porque ésta es verdad (Juan 17:17). Siendo Dios la fuente de toda verdad, ésta ha sido revelada a los seres humanos a través de Cristo, quien es el camino, la verdad y la vida (Juan 14:16). Entonces, ¿por qué el evangelismo moderno fracasa?. Porque no busca la verdad, sino el favor de las personas, adulterando el Evangelio. El mensaje predicado por Cristo y sus apóstoles, el cual nos hace libres (Juan 8:32), es cambiado por otro que trae ignorancia, maldición y destrucción, por no tener conocimiento (Oseas 4:6). Debemos pedir al Espíritu Santo que nos guíe en toda verdad (Juan 16:13), para no creer a todo el que diga ser de Dios (1ª Juan 4:1), sobretodo, contra aquellos que nos vienen con falsos evangelios, por los cuales el camino de la verdad será blasfemado (2ª Pedro 2:2).

¿Qué Requiere el Evangelismo Bíblico?

Hemos señalado anteriormente que la verdad es lo fundamental para nuestra labor evangelística, tal y cómo está presente en la Palabra de Dios. Debemos considerar que el mensaje que entregamos NO ES NUESTRO, sino que es de Dios el Padre, de quién Jesús, el Hijo, dijo que había venido hacer Su voluntad. Por tanto, nuestra predicación debe ser la misma que los apóstoles hicieron, la misma que Cristo hizo. Para que el evangelismo sea bíblico hay que considerar lo siguiente:

  1. Glorificar a Dios. Toda nuestra predicación debe exaltar la gloria de Dios. Tanto el Evangelio, como la creación y la salvación o condenación de los seres humanos está dentro de este propósito. Esta debe ser nuestra preocupación más importante. Jesucristo siempre buscó glorificar al Padre (Juan 17:1). Por tanto, el mensaje que prediquemos debe estar enfocado en este mismo fin.
  2. Fortalecernos en la Sana Doctrina. Tanto dentro de la iglesia, como fuera de ella, el fortalecimiento de la sana doctrina es importante para no agregar ni quitar nada al mensaje y predicarlo de forma íntegra. Tito recibió la siguiente recomendación del apóstol Pablo: Pero tú, habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina (Tito 2:1). Si nuestra predicación está de acuerdo con esto, entonces ninguna falsa doctrina podrá mezclarse con el mensaje bíblico.
  3. Testificar a Cristo. Esto debe quedar claro. El testimonio debe ser referido a la perfecta obra de Cristo y no transformarlo en una lastimera exposición de una vida pecadora anterior, porque se cae en el YO. Frases como cuando yo no era cristiano, antes yo fui, yo era un…; y yo estaba en… tienen que desaparecer. Al final, los testimonios ocupados en el evangelismo terminan siendo burdas muestras de cambio y de exaltación de la vanidad humana. Por eso, tenemos que despojarnos del viejo hombre con sus hechos (Colosenses 3:9), para que el centro sea Cristo.
  4. Existirán dificultades al predicar. La Biblia nos muestra la oposición que generó la predicación del evangelio, tanto de los inconversos como dentro de las propias congregaciones. Los apóstoles y los primeros cristianos sufrieron la persecución de los líderes religiosos judíos, como vemos en Hechos 4:1 y 2. Así, los religiosos de hoy ven peligrar sus prácticas evangelísticas cuando se predica la verdad bíblica. Hermanos que creerán que están en lo correcto también se opondrán, pero frente a esta dificultad, es más importante obedecer a Dios que a los hombres (Hechos 5:9).
  5. Depender de Dios en la predicación. Uno de los grandes problemas es que queremos que los inconversos reciban rápido el Evangelio, forzando conversiones, manipulando psicológicamente y prácticamente, obligando al no creyente a tomar una decisión. Eso, hace que la obra sea del evangelista, dependiendo de su manejo y capacidad de convencer a su interlocutor. Pero, la Escritura nos enseña que esto, para los hombres es imposible. Jeremías lo expresa de la siguiente manera: Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? (Jeremías 13:23). La predicación debe depender del poder soberano de Dios, que transforma nuestra naturaleza pecadora. Así, podremos decir que el Evangelio es poder de Dios para los que creen (Romanos 1:16).

Si debemos hacer evangelismo con base biblica, reflexionemos sobre estos puntos en consideración. No importa que la cantidad de convertidos no sea la que esperamos o no nos escuchen. No importa que seamos vistos por hermanos de nuestras congregaciones casi como herejes. Inherentemente, estos puntos son conflictivos y cuestionarán toda la actividad evangelística, pero, es más necesario volver a predicar conforme a la Escritura.

Lo Que No Debe Ser Quitado

Muchos evangelistas y hermanos llaman a recibir el Evangelio basados en suposiciones humanas, ideas preconcebidas y mucha ignorancia bíblica, lo cual induce a quienes son receptores de estas falsedades, a que tomen una decisión o se entreguen a través de una oración. Pero hay cosas que se han quitado dentro de la predicación y que son vitales dentro del mensaje. Si queremos decir como Pablo, que hemos anunciado todo el consejo de Dios (Hechos 20:27), entonces no ignoremos la verdad que nos muestra la Escritura.

  • El Carácter de Dios. Uno de los graves errores del evangelismo moderno es asumir que los incrédulos saben quién es Dios. Si bien es cierto que tienen una idea sobre Dios, ésta no se ajusta al conocimiento bíblico de Él. Si el pecador no conoce el carácter de Dios, no sabrá a quién ha ofendido y por qué debe pedirle perdón. No podrá decir, como David: Contra tí, contra tí solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos (Salmo 51:4). Ni tampoco sabrá a qué Dios estará invocando, porque ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? (Romanos 10:13). Conociendo el carácter de Dios, el pecador podrá tener certeza sobre quién puede salvarle o condenarle.
  • La Ley y el Pecado. La ley moral y eterna dada por Dios ya no es predicada. Este tiene que ver con el tema de la ley y su papel dentro del Evangelio. ¿Cómo sabrá alguien que ha pecado en contra del Dios tres veces santo?. Por medio de la ley, se conoce el pecado (Romanos 3:20). Jesús aplicó a la mujer en el pozo y al joven rico la ley de forma espiritual, de modo que vieron su pecado. El tema del pecado es muy lamentable, porque no se les dice a los incrédulos que están en rebelión contra su Creador, ni que desobedecen a sus mandamientos, porque, como escribe Juan, el pecado es transgresión (infracción) a la ley (1ª Juan 3:4). Cuando confrontemos a los pecadores con la ley de Dios, les haremos ver lo más profundo de su maldad.
  • La Ira de Dios y el Castigo Eterno. Estos dos temas han sido dejados de lado en la práctica evangelísitca actual. Con la excusa que estos temas se basan en el miedo, han sido cambiados para no herir la sensibilidad de los incrédulos o a evitar que nos llamen fanáticos y que la gente vaya por terror a Dios. Pero, justamente es éso lo que estas doctrinas deben despertar: el temor por la ofensa a la santidad de Dios. El pecador debe saber que está bajo la ira de Dios y que su final es el castigo eterno si no da el paso que veremos a continuación.
  • La llamada al Arrepentimiento. Si el pecador sabe que ha ofendido a Dios y quebrantado su ley, entonces, debe llamársele al arrepentimiento. Pero no un arrepentimiento basado en los sentimentalismos o remordimientos. La palabra para arrepentimiento en el Nuevo Testamento es metanoia, que quiere decir cambio de mente. Es decir, el arrepentimiento bíblico es un llamado a convertirse. Éste obra en aquellos que se han quebrantado verdaderamente por su pecado, pidiendo perdón por ofender la santidad de Dios. Hoy en día, el remordimiento o la dolida confesión son las formas en que los incrédulos creen que les son perdonados sus pecados. Pero, Pedro señaló ante los judíos en el Pórtico de Salomón: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (Hechos 3:19).
  • La Fe en la Obra de Cristo: Este es el centro de nuestra predicación. Debemos decirle a los no creyentes que la fe en la perfecta obra de Cristo, su muerte y resurrección los salvará de la ira divina. Explicarles que la fe salvadora es la confianza en la obra de Cristo como Señor y Salvador, quién dará vida nueva al incrédulo muerto en sus delitos y pecados y lo justifica (es declarado justo) delante de Dios: Más el justo por la fe vivirá (Romanos 1:17). Por lo tanto, no hay ninguna condenación a los que están en Cristo (Romanos 8:1).
  • La Seguridad de la Salvación. Es importante dejar en claro que la obra de Cristo, al ser perfecta, no requiere de obras humanas que aseguren la salvación. Quienes añaden a ésto, siempre están necesitando algo más para completar la obra de Hijo. Nuestra salvación está completa en Él y nos hace aceptados por Dios (Efesos 1:6).
  • El Discipulado. Debemos predicarle a los inconversos que ser discípulos de Cristo tiene un costo: negarse a sí mismo (Mateo 16:24). No debemos esconder que la verdad del discipulado no solamente son las clases que un discipulador le enseña al nuevo creyente, sino que también es parte de la vida del cristiano:  «no améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo» (1ª Juan 2:15-16). Es decir, habrá que renunciar a muchas cosas, tendremos la oposición de familiares y amigos no cristianos, que nos mirarán con simpatía, pero esperando a un error. Por eso, el nuevo discípulo debe  hacer firme su vocación y elección para no caer (2ª Pedro 1:10).
  • Los frutos del Evangelio. La Biblia menciona que los frutos en el creyente, son obra del Espíritu Santo, frente al error que muchos tienen al decir que están viviendo en el Evangelio. El Evangelio es Cristo. Por tanto, el creyente va creciendo en su vida cristiana con los frutos que la carta a los Gálatas menciona: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5:22-23).

El profeta Ezequiel nos dice que profetizamos a huesos secos (Cap. 37). Por eso, lo único que les dará vida, es el mensaje del Evangelio, por el cual Dios resucitará a los que están muertos en sus pecados. Abandonemos el facilismo del evangelismo de hoy, que es falso y es contrario a la Escritura y volvamos a las raíces bíblicas de nuestra predicación. No sigamos con métodos altamente cuestionables y heréticos, que nos harán responsables delante de Dios por deshonrarlo y preferir el favor de la creatura antes que la gloria del Creador.

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