Evangelismo Moderno

Publicado: 10 octubre, 2011 en Evangelismo

Cuando hablamos de evangelismo, pensamos en grandes reuniones con predicadores frenéticos, gente llorando que toma decisiones, pasando al frente y hermanos recitándole versículos bíblicos para dar una seguridad eterna a estos creyentes. En otros casos, conciertos de artistas cristianos, música estridente y métodos de lucha o guerra espiritual son parte de las técnicas que se consideran válidas para atraer a los inconversos hacia Cristo. Pero debemos preguntarnos responsablemente: ¿Son estos métodos conformes a la Escritura? ¿Dónde queda Dios en estas campañas evangelísticas? y también, ¿qué lugar ocupa el ser humano?. Éstas y otras interrogantes son urgentes para analizar seriamente el evangelismo actual, que, como veremos, es totalmente antibíblico.

¿Sólo Una Cuestión de Énfasis?

Muchos cristianos cuando se ven confrontados con sus métodos evangelísticos, tratan de evadir una respuesta conforme a la Biblia y se escudan en que es lo que aprendió en la iglesia local, por lo tanto, asumen que es lo correcto y que las diferencias con otras formas de evangelización son una cuestión de detalles y énfasis, pero todas tienen el mismo objetivo: la salvación de las almas. Pero, el problema que encontramos aquí es la justificación de tradiciones que no se sustentan bíblicamente y que han pervertido el mensaje del Evangelio. Y esto es grave, pues, recordemos lo que Pablo les advierte a los Gálatas, que cualquiera que venga con otro evangelio, sea anatema (Gálatas 1: 8 y 9). Pero, el centro de todo esto es que mientras el Evangelismo Bíblico se centra en Cristo y su obra, el Evangelismo actual está centrado en el ser humano, con todas las invenciones que le han sido añadidas. En otras palabras, se despoja al mensaje evangélico de su poder divino y como consecuencia, queda a merced de las arrogantes pretensiones de autoridad de los evangelistas, para moldearlo según su propia inspiración, que se aleja peligrosamente de lo que la Escritura nos enseña, pero que también nos advierte sobre estos falsos maestros, pues ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye (1ª de Juan 4:5).

¿Cuáles son los Errores del Evangelismo Actual?

Nadie duda de la sinceridad de muchos hermanos al predicar la Palabra, y de su dedicación que muestran hacia los pecadores inconversos. Pero, muchos de los métodos utilizados actualmente parecen más bien sacados de  técnicas de mercado, sesiones psicológicas o carnavales con mucha música, danza y marchas. Métodos, que en el fondo, provienen de la equivocada suposición que harán más fácil la recepción del Evangelio, avivando a la iglesia y generando impacto en aquellos lugares donde se practican, esperando el ansiado crecimiento de nuevos creyentes. Pero, lo que en realidad consiguen es solamente predicar un Evangelio que no fructifica y que está restringido a las necesidades de todo tipo que tengan quienes lo escuchan, pues muchos piensan que Dios ya ha hecho lo suficiente por la salvación de las personas y que Él está simplemente esperando lo que decidan hacer con ella. Por eso, le añaden invenciones que terminan por convertirse en tradiciones a las cuales es muy difícil cuestionar y que transforman la predicación en espectáculos donde el emocionalismo, la entretención y todo lo que sea eficiente, son útiles para atraer a los no creyentes. Pero no sólo está el problema de los métodos, sino también el relacionado con el contenido del Evangelio, al cuál se le añaden ideas humanistas, lo que lleva a no predicarlo íntegramente.

Veamos algunos de estos errores:

  1. Este evangelismo se ha centrado en el ser humano. El mensaje de los evangelistas está enfocado, lamentablemente, en las necesidades del ser humano. Todos los esfuerzos están sujetos a mostrarle un atajo al Cielo a los inconversos, buscando su favor para la causa de Cristo. Pero el apóstol Pablo nos recuerda lo siguiente: Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gálatas 1:10).
  2. Dios es deshonrado. Como consecuencia de lo anterior, Dios es despojado de Su gloria,  santidad, poder, justicia; y queda reducido a sólo un atributo, el amor. Entonces, se le presenta al inconverso una imagen distorsionada del Creador expresado en la manoseada declaración: Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida, quedando la imagen del buen Dios que tolera hasta la más grosera ofensa a Su carácter santo.
  3. El mensaje se hace agradable al pecador inconverso. El Evangelio es inherentemente ofensivo hacia el incrédulo, pues, como dijeron los discípulos que seguían a Jesús: Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? (Juan 6:60). Pero, ahora, esta palabra es muy agradable de escuchar, porque todo lo que está relacionado con la justicia de Dios, el pecado, Su santa Ley y el castigo eterno, es adornado o simplemente, desechado para no ofender a los oyentes. Se busca evitar herir la sensibilidad de los incrédulos y no parecer fanáticos fundamentalistas. Pero, la realidad que nos señala la Palabra es otra cosa: La ira de Dios está sobre el pecador (Juan 3:36).
  4. La utilización de tácticas psicológicas para forzar conversiones. Uno de los problemas más grandes en el evangelismo actual, es el uso de artimañas que apelan a los sentimientos, emociones y experiencias de las personas. El llanto de la gente, en muchos cultos evangelísticos, es más bien reflejo de un desahogo emocional más que un verdadero quebrantamiento por el pecado. Ahí se aprovecha de mostrar a Cristo como un psicólogo cósmico, relegando su obra como Redentor al estado de ánimo del no creyente. Pero, siendo el corazón el lugar de donde proceden las emociones y los sentimientos, la Escritura advierte: Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9).
  5. La descontextualización de versículos bíblicos. Esto es grave. Es muy aterrador escuchar a predicadores, evangelistas y otros hermanos sacar textos bíblicos de su contextos y presentárselos a los no creyentes. Para ilustrarlo, tenemos dos ejemplos: el primero, se refiere a Apocalipsis 3:20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Y el otro es 2ª Pedro 3:9: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero, si analizamos el contexto de ambos pasajes, nos damos cuenta que fueron escritos para creyentes. En el caso de Apocalipsis, Jesús dice estas palabras a la iglesia de Laodicea, a la cual Él llama al arrepentimiento. En el segundo versículo, de Pedro, él le escribe a los creyentes sobre la venida del día del Señor, donde señala que Dios es paciente para que todos los escogidos se arrepientan.
  6. El facilismo en la predicación y propagación de Evangelio. Es vergonzoso ver cómo los cerebros actuales del evangelismo han reducido todo el consejo de Dios a sistemas de simples pasos que llevarán al pecador a aceptar a Cristo, como si el Señor fuese un objeto que depende de los caprichos humanos. Entre estos sistemas tenemos: Las cuatro leyes espirituales, el ABC o el 123 del EvangelioLa Cinco Cosas que Dios quiere que tú sepas. Es terrible ver cómo todo se hace fácil, buscando ampliar numéricamente a las iglesias locales, aumentar la fama de los evangelistas y dar a los pecadores un derecho que no tienen: la vida eterna.
  7. La oración de entrega. ¿No hemos escuchado en prédicas televisivas, radiales, en campañas o en las mismas iglesias que los pecadores deben repetir una simple oración para ser salvos?. Sí, y es más profundo, pues esta oración elimina la parte más importante: el arrepentimiento. El inconverso sólo es llamado a reconocerse pecador, pero nada de arrepentirse, por eso, la pregunta es: ¿Qué esta entregando el incrédulo en esta simple oración?. No lo sabemos, pero, lo que sí es seguro es que esta oración no refleja en nada que quién la haga, sea salvo, siendo que nuestro mismo Señor enseñó contra las repeticiones vanas de oraciones: Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos (Mateo 6:7).

Como podemos apreciar, el énfasis del evangelismo moderno está centrado en darle una seguridad al ser humano con respecto a su situación delante de Dios, que termina siendo falsa, sin importarle si aquellos que han escuchado este Evangelio adulterado son en realidad verdaderos convertidos.

 Consecuencias de un Mal Evangelismo

Todos estos errores han traído muchas consecuencias que han llegado a obstaculizar la labor evangelizadora de la iglesia. Veremos a continuación, las más importantes:

  • El mensaje del Evangelio es tergiversado. El error fundamental del evangelismo moderno. Se quita lo esencial del mensaje evangélico, su enfoque no es Cristo céntrico, ni tampoco hay un llamado verdadero al arrepentimiento, sólo a confesar pecados y aceptar a Cristo, aunque no se sepa qué es lo que realmente está aceptando el inconverso.
  • Se protege una falsa unidad mutilando la verdad. No podemos mantener la unidad si no está fundamentada en la verdad, tal como está en la Palabra de Dios. Al escribir a Tito, Pablo dice que los ancianos y obispos, entre otros requisitos, deben retener la palabra fiel para exhortar y convencer a los que la contradicen (Tito 1:9). Y no sólo los líderes, sino también todo creyente. Por este motivo, debemos luchar ardientemente por la fe (Judas 3), aunque nos quedemos solos o seamos excluídos.
  • Hace de inconversos, convertidos egoístas. Como se les enseña mediante el mensaje actual que Cristo les bendecirá o les solucionará todos sus problemas, estos creyentes sólo seguirán buscando las bendiciones y si éstas no llegan, simplemente se irán de la congregación donde estén asistiendo.
  • No hay evidencias de verdadera conversión. Como el evangelismo actual no se preocupa de confrontar al incrédulo con su pecado, les ha llevado a sentirse a gusto sin Cristo, siendo éstos tan pecadores como siempre, sin evidenciar cambios en sus vidas. Éstos son falsos creyentes y, según la Biblia, son como pámpanos que no llevan fruto y que serán quitados (Juan 15:2).
  • No se llama al arrepentimiento. A los incrédulos sólo se les insta a reconocer que son pecadores, sin decirles que se arrepientan de sus ofensas al Dios santo, lo cual es fundamental en el Evangelio, tanto en las palabras de Jesucristo (Lucas 13: 3 y 5), y la predicación de los apóstoles (Hechos 2:38).
  • No se les enseña el costo del discipulado. Jesús enseñó lo que costaba seguirle (Mateo 16:24 y 35). Pero los evangelistas modernos le muestran a los inconversos una falsa imagen de la vida cristiana, que en realidad, es sólo una corta luna de miel psicológica y que desaparece con las pruebas . Esto resulta del afán de los predicadores de anotarse más convertidos que en realidad son sólo convencidos.
  • El Evangelio se vende como un producto comercial. Ya no se anuncia, sino que se busca promocionar el Evangelio mediante adhesivos, marchas para Jesús, café concert y otras tácticas que parecen más entretenimiento que verdadera prédica.
  • El rechazo al Evangelio. Esto nos parece muy grave. Después que se les presenta un Evangelio liviano, agradable y a gusto con su estilo de vida, rechazan el Evangelio tal y como es presentado en la Biblia.

¿Qué concluiremos, pues?. El peligro de un evangelismo sin Cristo ha llevado a una situación peligrosa a la iglesia, donde la certeza de la Palabra de Dios ha sido cambiada por un puñado de incertidumbres que deben ser confirmadas por tácticas y contenidos que se apoyan solamente en los intereses, sentimentalismos y necesidades humanas y como hemos señalado, se alejan totalmente de la Escritura. Mientras las congregaciones, misiones y escuelas teológicas se preguntan qué hacer para que el evangelismo vuelva a ser efectivo en la predicación del Evangelio y realizado responsablemente, consideremos lo que nos dice la Biblia:  He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres (Eclesiastés 3:14).

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